domingo, 10 de junio de 2012
Internacionales: Egipto y el mensaje de los jóvenes de la plaza Tahrir
Los jóvenes de la plaza Tahrir no están conformes con ninguno de los dos candidatos que competirán en el ballotage del próximo 16 y 17 de junio en Egipto.
No les agrada Ahmed Shafik, ex primer ministro de Mubarak, ni su adversario, el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi.
Tampoco ambos son bien vistos por Estados Unidos ni por Israel, que están preocupados por el destino que tomará Egipto, uno de los buques insignia de la llamada “Primavera árabe”.
Mursi, un ingeniero de 61 años que da clases en las universidades de Los Angeles y de El Cairo, con un perfil poco carismático entre los egipcios, entró en la primera vuelta como una alternativa a la posible impugnación de la candidatura de Jairat al Shater, quien finalmente fue habilitado.
Mubarak, derrocado en febrero de 2011, fue condenado a fines de mayo pasado a cadena perpetua por la muerte de 846 personas que protestaban contra su gobierno, en una histórica sentencia para el mundo árabe.
Sin embargo, muchos egipcios no quedaron conformes con la condena dictada por el tribunal que rechazó los cargos de corrupción que pesaban en contra de dos de los hijos de Mubarak, lo que provocó protestas en varias ciudades del país.
Los manifestantes reclamaban la pena de muerte para el ex dictador, de 84 años, y además repudiaban la absolución de seis ex funcionarios del régimen.
Durante el proceso judicial, el juez Ahmed Refaat tuvo en cuenta que Mubarak gobernaba amparado por una ley de emergencia de 1981 que suspendía las garantías constitucionales, legalizaba la censura y prohibía cualquier movilización opositora, norma que recién fue derogada en mayo pasado por la junta militar.
Pero desde que fue derrocado el dictador pocas cosas han cambiado en Egipto, ya que los militares siguen manejando el poder de ese país como durante las tres décadas que gobernó Mubarak.
Las fuerzas armadas controlan los medios de comunicación, la policía, los servicios de inteligencia y el Ejército, principal brazo de Mubarak, un viejo aliado de Estados Unidos en la región.
“No me siento decepcionado, estoy muy enfadado con mi propia gente. El 50% de los egipcios está de acuerdo con nuestras ideas, el problema es que no había ningún candidato adecuado para canalizarlas. Hemos estado 30 años bajo el régimen de Mubarak y la revolución ha ocurrido en un año, y de forma caótica. Se necesita más tiempo”, señala el bloguero egipcio Mahmud Salem.
En un reportaje con el diario español El Mundo, Salem, de visita en Madrid, afirmó: “No estoy en verdad preocupado, sólo que por el momento hemos caído en una trampa. Pero el futuro es nuestro”.
Tanto el izquierdista Hamdien Sabbahi, el islamista independiente Abdel Moneim Abul Futuh y Khalid Ali dijeron que no apoyara a ninguno de los dos candidatos más votados en la primera vuelta: Mursi 24,4% contra 23,3% de Shafik.
Los jóvenes de la Plaza Tahir rechazaron la designación por parte del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA) del nuevo primer ministro, Kamal Ganzuri, un militar y ex ministro de Mubarak, quien está considerado el arquitecto de la política de privatizaciones que inició el país en 1991.
Varios grupos juveniles, entre ellos el Movimiento de Jóvenes de la Revolución y el 6 de abril, propusieron una lista con cinco candidatos para un gobierno civil, encabezados por el ex director del Organismo Internacional de Energía Atómica (0IEA), Mohamed ElBaradei, ex dirigente de los Hermanos Musulmanes y el panarabista Admin Sabbahi.
Los jóvenes volvieron a reunirse el pasado jueves para pedir la renuncia del mariscal Husein Tantawi, líder del CSFA, y para señalar que no hay otra opción que un gobierno de salvación nacional en el país.
Sin eufemismos, amparándose en sus postulados democráticos, repudiaron también la postulación de Shafik, ex general y ex ministro de Aviación, cuya candidatura aún no fue avalada por el Tribunal Supremo Constitucional.
Sin embargo, el Parlamento -controlado por el islamista Partido Libertad y Justicia, brazo político de los Hermanos Musulmanes (47,2% de las bancas)- aprobó una ley que prohibe que funcionarios de alta jerarquía del ex régimen participen en la vida política en los próximos diez años.
Ante la posibilidad de que gane Shafik, el analista británico Robert fisk se preguntó en un artículo en el diario The Independent:“¿El fantasma de Mubarak va a ser reinstalado, sustituyendo un estado de seguridad en lugar de una democracia?
Esto es lo que se preguntan muchos de los manifestantes en la plaza Tahrir”.
Fisk recuerda que “Shafik ya ha sectorizado el ballotage diciendo que Mohamed Mursi, de los Hermanos Musulmanes, tendría su capital en Jerusalén -un claro temor de los lazos de Mursi con Hamas que teme Israel de un gobierno islamista- aunque Shafik puede haber dicho que Mursi quiere su capital en la Meca”.
Shafik quiere mostrarse como el candidato más idóneo para ocupar la magistratura del país, destacando su posición laica en contra del islamismo impulsado por Mursi.
Cuando el próximo primero de julio el nuevo presidente egipcio asuma sus funciones, el país entrará en una nueva era política, con graves problemas económicos (desempleo entre el 10 y 14%) y sociales, tratando de dejar atrás un pasado que por ahora se niega a desaparecer.
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